Dispersión

La comunidad ha desaparecido: familia, barrio, gremio, empresa, clase social, patria. Es un fenómeno de la modernidad. Ese estado de cosas ha sido barrido por otra forma de organización social que reduce a sus miembros a egos solitarios, cada uno de ellos enfrentado con la sociedad. Cada ego debe crearse un perfil y construir su propia comunidad. Siempre sospechoso (potencial terrorista, presunto maltratador, racista enmascarado) la presión moral que se ejerce sobre ese ego es terrible. Cualquier indicio, por insignificante que sea,  de comportamiento desviado es castigado implacablemente. Conservar esa comunidad artificial, mantener ese grupo, requiere un esfuerzo enorme y notables dosis de autocensura (el ego solitario tiene pánico a la exclusión social y paga el precio que haga falta para evitarla).
             Lo blanco es negro y lo negro blanco. La robotización en tareas de atención al público es una tendencia imparable. Nos guste o no cada vez nos atenderán más máquinas y menos humanos. Los humanos presentan esto como un avance. Que nos atienda un operador desde una pantalla se pretende una forma de atención "real" y "personal" cuando es justamente lo contrario. El simulacro suplanta a la persona. Estamos tan acostumbrados a que nos mientan(respiramos publicidad) que esta flagrante falsedad no llama la atención.
             Nuestra sociedad se parece a la idea que tenemos del universo: no un cosmos cerrado, sino en expansión. Una dispersión de cuerpos en trayectorias diferentes, aceleradas, en un espacio vacío y hostil. El modelo cosmológico vigente, la chica absorta en su móvil, la multitud  y el pequeño comercio de la esquina  que cierra porque lo aplasta una multinacional del sector tienen mucho en común. Estos fenómenos están relacionados.
             Por dominar a  la naturaleza y ponerla a nuestro servicio tal vez tengamos que pagar el precio de la soledad, la locura y de nuestra posible aniquilación.

Mal empezamos

En una carta escrita a Christian Gottfried Körner el 2 de febrero de 1789 dice Schiller: "frecuentar a Goethe me haría infeliz: ni con sus amigos íntimos tiene un momento de abandono, no hay por dónde cogerlo. Lo considero de hecho un egoísta extraordinario. Tiene el talento de cautivar a los hombres y de hacerse amable por medio de pequeñas y grandes atenciones, pero sabe siempre cómo mantenerse libre. Hace el bien, pero como un dios, sin darse a sí mismo; en esto me parece que actúa de forma consecuente y premeditada, basándose en el cálculo del mayor goce posible de su amor propio. No debieran los hombres dejar surgir a un ser semejante. Por eso le tengo manía, aunque reconozco su talento y tengo de él la más alta opinión. Lo considero uno de esos estirados a los que hay que convertir en niños para humillarlos ante el mundo y no depende de mi buena voluntad no tener en algún momento una agarrada con él. Me inspira una extraña mezcla de odio y amor; un sentimiento que no es muy distinto del que Bruto y Casio debieron de tener frente a César. Creo que podría matar su espíritu y volverlo a querer de todo corazón."
      Pasó el tiempo y, como es sabido, se convirtieron en grandes amigos. Me alegro. Esto ocurría antes de Facebook y su elevadísimo concepto de la amistad.

Sin patria


Max Herrmann-Neisse fue un escritor alemán que tuvo mucho éxito en la década de los veinte. De su insólito aspecto físico (era enano, calvo, contrahecho) dejaron constancia los retratos que le hicieron pintores como Otto Dix o Georg Grosz. Estos pintores, tan dados a lo grotesco y la caricatura (nunca faltan motivos), tenían que suavizar la cosa cuando posaba "Macke", que así lo llamaban familiarmente. Como judío tuvo que abandonar Alemania. En el extranjero escribió poemas sobre la nostalgia de la patria perdida y el dolor de los exiliados que Heine hubiera firmado con orgullo. Murió en Londres, en 1941.

Vagamos tan perdidos y confusos
sin patria por un raro laberinto.
Los nativos charlan ante las puertas
confiados en el viento veraniego de la tarde.

El viento mece suave las cortinas
y nos enseña un cuarto donde vemos
la calma añoradísima de una paz muy segura
para ocultarlo luego con crueldad.

Los gatos sin amo en los callejones
y los parias que duermen en la hierba mojada
no están ni la mitad de abandonados
que aquellos que tuvieron la alegría

de una patria, perdida sin su culpa,
y vagan por el raro laberinto.
Los nativos sueñan ante las puertas
sin saber de nosotros, sombras suyas.

Vesna Vulovic

De altísimas caídas y sus fatales
consecuencias hablan los mitos: Faetón, Ícaro,
símbolos de la audacia humana.
Lo que no hicieron ellos, sobrevivir a la caída,
lo logró una azafata yugoslava.

El DC-9 explota en pleno vuelo. La caída
acelerada, interminable. El suelo.
Sonríe en las fotos, en la cama de un hospital.
Es inmortal. Tiene 22 años.
La inscriben en el Guinness de los récords.

Encontraron su cuerpo hace unos días

en un modesto piso de Belgrado.
Otro accidente aéreo.
Su avión cayó desde una almohada enorme.
No hubo supervivientes.

*******

La encontraron más tarde, no hace mucho,
sola en su triste piso de Belgrado
entre los restos de otro DC-9
en que viajaba sola. Tenía 66 años.
No hubo supervivientes.

Canetti y los directores

Cada vez que veo a un director de orquesta realizando su mágico y solemne oficio no puedo dejar de recordar las maliciosas palabras que les dedica Elias Canetti en Masa y Poder:

No hay expresión más vívida del poder que la actividad del director de orquesta. (...) Durante la ejecución, el director es un guía para la muchedumbre de la sala. Está a su cabeza y le ha vuelto la espalda. (...) Su mirada es tan intensa como sea posible, abarca la orquesta entera. Cada integrante se siente observado por él; más aún: escuchado por él. Las voces de los instrumentos son las opiniones y convicciones a las que presta mayor atención. Él es omnisciente, pues mientras los músicos sólo tienen ante sí sus propias voces, él tiene la partitura completa en la cabeza, o sobre el pupitre. (...) Para la orquesta el director representa así, de hecho, la obra entera, en su simultaneidad y sucesión y como durante la ejecución el mundo no ha de consistir en ninguna otra cosa sino en la obra, durante ese exacto lapso es el señor del mundo.

Brutus is an honorable man

Un periódico nos regala el secreto para vivir cien años. Ya tenemos la longevidad al alcance de la mano. Un hombre de 105 años bate un récord deportivo. Ya, y Bruto es un hombre honorable. Sin duda, por supuesto, si seguimos esos consejos gratuitos, llenos de amor al prójimo, es seguro que viviremos un siglo. Ya, y Bruto es un hombre honorable. Un filósofo dijo que las pocas vidas largas y más o menos felices que existen valen como "señuelo", es decir, como trampa. Engañabobos. Come fruta, haz ejercicio, no fumes, bebe un vaso de vino al día y vivirás cien años. Ya, y Bruto es un hombre honorable.

El joven Hölderlin

Haber conocido al joven Hölderlin tuvo que ser maravilloso. Hegel y Schelling gozaron esa suerte, fueron sus compañeros de clase. Luego la vida les separó y les golpeó duramente (en esto es maestra). A Hölderlin lo convirtió en una sombra muda, envejecida, recluida en una torre. Iban a verle, no conocía a nadie. 

Rómulo Reyes, Perfiles cursis de poetas románticos, 1971

Las tres condiciones

Para que me encuentre perfectamente a gusto, dijo mirando al vacío, necesito tres cosas: soledad, un puro y los rayos del sol. 

Franz Kafka, El limpiabotas, 1912

Festivas felicidades

"¿Le duele aquí?", me pregunta. "No, doctor, no siento nada." He ido al médico para que me examine las navidades. Otros años me irritaban, este año ya no. Ni me seducen ni me suceden. Debo de estar inmunizado. 

Cataluña

Nació en Barcelona de extranjeros  oriundos de una provincia del Cantábrico. Allí pasó su infancia. Recuerda aquellas calles en los años setenta: via Laietana, plaza Urquinaona, calle Trafalgar. Recuerda su luz y sus atardeceres: sin historia, sin batallas perdidas, sin tumbas que adornar con ofrendas florales. Luego se marchó de allí y no regresó jamás. Pero le queda un profundo afecto por aquella tierra.
      En cuanto a los nacionalistas de todo pelaje: que monten en la silla turca de sus propios cráneos y sigan tan idiotas como siempre. Seguimos levantando muros en el tercer planeta del sol.

Algunos epitafios

Lo pasé relativamente bien

No me acuerdo de mí

Pasa de largo, amigo, y no me apures

Este cansancio no es normal

Me quedé sin cobertura

¡Por fin!

Decidle que la quise

Oigo tu corazón, ¿me vas a despertar?

He perdido de vista a cuatro imbéciles

Me importa todo tanto como nada

No aspiré a la santidad ni al socialismo

Perdono todo el daño que me hice 

Confieso que me aburrí bastante

Acabo la casa de mis sueños y me pasa esto

Y pensar que me indignaban las injusticias

Seguid sin mí como yo sin vosotros

Todos los que me lloraron están ya como yo

Para haber sido un don nadie no lo hice tan mal

Coleccioné decepciones

Que llueva o haga sol me da lo mismo

Mi médico me trajo aquí 

Ya no me da miedo morir

Jamás olvidaré el sabor del agua

Estoy mucho más muerto de lo que crees

Sinceramente, no era para tanto

Nadie me echa de menos, menos mal

Morí viejísimo: duré un momento

Ni el paraíso ni el infierno existen

Me salí por la tangente de la esfera del reloj

Si aún puedes leer mi nombre bórralo

¡Qué tropiezo más tonto!

Tu situación es rara, no la mía

De pronto, qué pereza dió existir 

Museo de Anatomía

En el museo de Anatomía de la facultad de Medicina de Oviedo, en la novena planta, se exponen en vitrinas, dentro de frascos de formol, embriones y fetos malogrados. Semillas que no llegaron a realizarse, muertos antes de nacer, se exponen en la embrioteca. Criaturas anónimas, formas que la naturaleza rechazó. No conocieron la luz, ni las pasiones, ni el lenguaje. Se quedaron a medio hacer en el dulce claustro materno. La naturaleza es una gran derrochadora de vidas. Acerco la cara a una de estas criaturas abortivas y le susurro: "fuiste listo, no quisiste venir al mundo, ya sabías los males que la vida te preparaba". Lessing, el ilustrado alemán, le dijo algo así al hijo que nació muerto.
         Qué fastidio nacer, ¿verdad? Crecer, socializarse, exprimirse entre congéneres, apretujarse en la multitud. Pocos amigos. Muchas facturas. Pocos recursos. Muchas tentaciones. Como dijo Luis Cernuda: "por todas partes el hombre mismo es el estorbo peor para su destino de hombre".

Kant y el cielo estrellado

Al final de su "Historia natural y teoría general del cielo", una obra precrítica, Kant dice en la Conclusión: 

En efecto, después de llenar su ánimo con éstas y las anteriores consideraciones, el aspecto del cielo estrellado en una noche serena procura una especie de deleite que sólo sienten almas nobles. En la tranquilidad general de la naturaleza y el reposo de los sentidos, la oculta capacidad cognoscitiva del espíritu inmortal habla un lenguaje inefable y ofrece conceptos sin desarrollar que bien pueden ser sentidos pero no descritos. Si entre las criaturas pensantes de este planeta hay seres viles que no obstante todos los alicientes con que un tema tan grande puede atraerlos, se aten firmemente a la servidumbre de la vanidad ¡cuán desgraciado es este globo de haber podido producir criaturas tan miserables! 

Esta tarde de diciembre brillaba la luna creciente y justo debajo Venus. Era maravilloso. La contaminación lumínica, el resplandor de las televisiones, el fútbol, el repugnante Trump, los sloganes publicitarios, la miseria económica del seguro más barato y la cháchara telefónica apenas nos permite contemplarlos. 

Pero la luna y Venus siguen estando. Y estarán. 

Engels y la gran ciudad

Engels describe así la masificación de Londres, hacia 1845:

La multitud tiene algo repulsivo, algo que indigna a la naturaleza humana. Estos cientos de miles de personas, de todas las clases sociales, que se apretujan al pasar, ¿no son todos hombres con los mismos atributos y capacidades? ¿No tienen todos el mismo interés en ser felices? ¿No ambicionan todos su felicidad por los mismos medios y caminos? Pero pasan corriendo unos junto a otros como si no tuvieran nada en común y parece que el único acuerdo entre ellos es el tácito acuerdo de que cada uno se mantenga del lado derecho de la acera para que las corrientes de la multitud no se detengan una a otra, y a nadie se le ocurre dignarse mirar a los demás. La brutal indiferencia, el insensible aislamiento de cada individuo en sus intereses privados es tanto más asqueroso e hiriente cuanto más pequeño es el espacio al que están reducidos y cuando sabemos, además, que este aislamiento del individuo, este egoísmo estrecho de miras, es el principio fundamental de nuestra sociedad. Esto no ocurre en ninguna parte de una forma tan descaradamente evidente, tan clara, como precisamente aquí, en la multitud de la gran ciudad. La desintegración de la Humanidad en mónadas, cada una con su principio vital y su fin aparte; el mundo de los átomos ha alcanzado aquí el grado más extremo.

Friedrich Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra

Cualquier parecido con la realidad

Fue hace millones de años. Por lo que hemos descubierto en este planeta hubo vida. Vida multiforme y una especie con cierta habilidad técnica que fue la causa de la destrucción de este planeta gris. En el momento del desastre, según revelan nuestros estudios, se dividían en dos grupos: una minoría de ellos acaparaba todas las riquezas y la inmensa mayoría sobrevivía penosamente. Entonces, la nación más poderosa, que estaba en su momento de declive, eligió como jefe de Estado a un hombre riquísimo, zafio, astuto, ignorante y cruel. Lo que queda de la vida que hubo en este planeta es esta muestra contaminada con un mínimo de radioactividad (debieron de conocer esta energía).

Ciencia ficción. Viejo truco del Planeta de los Simios: tomar distancia en el tiempo y el espacio, usar el estilo indirecto, para comprender mejor, para satirizar una sociedad o una época, para burlarnos de nosotros mismos, para deplorar nuestra condición. 
      Montesquieu, Cadalso, Luciano, Voltaire, Leopardi o Swift echaron mano de este recurso. 

Mejor no pensarlo

La esperanza es la cosa más ilusoria del mundo. Si nos diéramos perfecta cuenta del torbellino que es la Historia, de los peligros que nos acechan continuamente, de lo frágiles que somos, de las mil maneras que existen de arruinarnos la vida no nos moveríamos de un rincón. Pero no hay criatura más inquieta y más gallarda que el ser humano. Nos afanamos bajo una estrella que corre cada día por el cielo a toda velocidad, en una naturaleza que es totalmente indiferente, si no es hostil y no barre de un manotazo a millones de criaturas. Tarde o temprano acabaremos y acabaremos mal. Sería un detalle que nos desintegráramos como pompas de jabón, dejando un dulce perfume. Si somos finitos que el final sea una evaporación, sin dolor ni agonía. Pero la muerte no es agradable nunca. Rarísimas veces es un quedarse dormido. Siendo así de desagradable muchísimas veces la muerte es la terrible y fútil liberación a una vida de alcohol, suciedad, tristeza, marginación, soledad, locura, violencia, enfermedad, degradación, pobreza. Acabaremos mal, hagamos lo que hagamos, por muy prudentes que seamos, por mucha vida sana que llevemos. El enemigo es demasiado poderoso, nuestra naturaleza demasiado miserable. Pero el amor, la ilusión, la esperanza, la resistencia, el olvido y las ganas de comer son nuestras armas.

El europeo ideal

Hoy hace 300 años que murió Leibniz. Me han encargado que pinte a lo Rafael en un muro de la catedral de Hannover (si es que existe y si no existe alguna razón suficiente habrá para que eso suceda) un fresco representando a la Filosofía desnuda y pobre. Alguna vez he pensado que Leibniz fue, es y será el europeo ideal.

Conversación interior

L'homme est ainsi fait qu'à force de lui dire qui est un sot, il le croit. Et à force de se le dire à soi-même, on se le fait croire. Car l'homme fait lui seul une conversation intérieure, qui'il importe de bien régler.

"El hombre está hecho de tal manera que, a fuerza de decirle que es tonto se lo cree. Y a fuerza de decírselo a sí mismo, se lo cree. Pues el hombre tiene una conversación interior que importa ordenar bien"

¡Así es, monsieur Pascal! ¡Ha dado usted en el clavo! Nuestra vida auténtica no son los sucesos exteriores, sino esa conversación secreta, mental, que tenemos continuamente con nosotros mismos. Importa ordenar esa conversación. Nos va la vida en ello. Otra genial intuición de Pascal, que era un extraordinario psicólogo.

Emilio Lledó

Soy poco dado al elogio pero a veces no hay más remedio. No hace mucho caí por puro azar en un encuentro de Emilio Lledó con estudiantes de filosofía. Este hombre que nació el mismo año que se publicó "Ser y Tiempo" (1927) es un octogenario apasionado, lúcido, juvenil, elocuente. No todo es una ciénaga de desmoralización. Estando en la sala tuve la sensación de encontrarme ante un "gran hombre": un fenómeno raro. Un mortal cuya presencia carnal, concreta, provoca una impresión profunda. El auditorio escuchaba con emoción las palabras de este sabio que se expresaba sin pedantería, con claridad. Sentir admiración por ciertas personas nos eleva; nos hace mejores, más ágiles, más alegres, más luminosos. Emilio Lledó es una de esas personas.

La última ilusión

De todas las ilusiones la última que se pierde es la del amor. De decepción en decepción, o tal vez con un amor correspondido, edificado día a día, con la dulzura y la vulgaridad de las cosas cotidianas, fortalecido por el tiempo. No hay mayor felicidad al alcance de los mortales que el amor correspondido. Sin embargo el amor se termina, más pronto o más tarde. Quisiera creer con el poeta que la muerte no interrumpe nada. Pero cada uno de nosotros bajará solo a las tinieblas.