No borres mis círculos

Creo que le hemos pillado un poco la música. No debieron de entenderlo sus alumnos vamos a entenderlo nosotros... 

Hay que considerar el rechazo del paso del ser finito particular al ser como tal en su total generalidad abstracta como el primer requisito teórico e incluso práctico. Al realizar la "Aufheben" de esos cien euros, que suponen una diferencia en mi situación económica, entre si los tengo o no, o más aún, entre si soy o no, o si otra cosa es o no, puede recordarse -sin mencionar que tenga que darse una situación económica para la que la posesión de cien euros sea indiferente- que el hombre debe elevarse hasta esta abstracta generalidad en su pensamiento, en la que es de hecho indiferente que los cien euros puedan tener una relación cuantitativa con su situación económica, que sean o que no sean, tanto como le es indiferente si él es o no; esto es, si es o no es en la vida finita (pues se requiere un estado, un determinado ser) y así sucesivamente. Ya dijo un latino "si fractus illabatur orbis impavidunt ferient ruinae" (si se derrumbara el cielo le encontrarían tan tranquilo entre las ruinas) y Cristo no debió encontrarse menos en esta indiferencia.
 
Si nos elevamos hasta esa abstracta generalidad en la que el puro ser y la pura nada son lo mismo (porque son lo mismo, afirma Hegel), no nos importará ser o no ser en esta vida finita. Seremos tan indiferentes a nuestra propia existencia como a esos cien euros (o táleros, como se dice en el texto).
        Hegel indica en este pasaje de su Lógica que por el pensamiento más abstracto se llega a la indiferencia total. Las últimas palabras de Arquímedes al soldado que le atravesó con la espada: "no borres mis círculos" Le importaban más sus cálculos que su vida. 


Vecinos remotos

Un niño se queja de un dolor al lado de su madre, unos pasos más allá, junto al semáforo, entre el ruido del tráfico, la madre se agacha y abraza con ternura al niño. ¡Zas! Entonces pienso: somos emociones, afectos y pasiones, principalmente. No somos únicamente racionales. Somos emociones y lenguaje. (Recordé la maravillosa escena de la Ilíada en la que Héctor, vestido con la armadura, se despide de su mujer y su hijo pequeño. El niño se asusta del fiero aspecto de su padre, vuelve la cabeza y llora). Ninguna soledad mayor que la soledad de un centro comercial, ningún lugar más inhóspito que el arcén de una autopista. El hombre está hecho para lo limitado. Cualquier tentativa de superar ese vínculo a la tierra y la comunidad inmediata, física y real, que son los vecinos y familiares que podemos ver y tocar todos los días nos hace desgraciados. 
    ¿Pero qué ocurre si los vecinos son remotos, caminan absortos en su móvil y el cielo está torturado por las estelas de los aviones?

Seguros

Las muchas facilidades que nos ofrecen no dejan de ser formas de hacernos la vida imposible. Uno se compra un perro, o se lo encuentra tirado, da igual. Inmediatamente se enamora del animal y se lo lleva consigo. En nuestra competitiva, desquiciada e implacable sociedad, fábrica de solitarios, tener una mascota es un modo de sortear la depresión o cualquier otro trastorno psicológico. Los animales domésticos no nos juzgan, dependen de nosotros, nos hacen compañía. Somos un pequeño dios para ellos. Son un gran remedio, sin duda, ya que vivimos en celdas de aislamiento y la calle es un desierto. Pero como no hay cosa bella en la que este sistema no ponga su pezuña las compañías de seguros se pelean (el negocio es suculento) por vender seguros para mascotas: cuadro veterinario, atención telefónica las 24 horas, soporte vital (o como se diga). ¡Cómo no vamos a asegurarlos si son "uno más de la familia"! ¿Me traigo un gato callejero a casa para que me contagie su indolencia y salvajismo y tengo luego que asegurar al pobre animal? Resulta conmovedor.

El doble iraní

Por lo visto en Irán existe un doble del futbolista (experto en patadas) Messi. El parecido es tan asombroso que este muchacho de 25 años, llamado Reza, provoca tumultos. Los iraníes se hacen selfies con él. El muchacho y su familia, bien conscientes de la mina de oro que tienen a su alcance, hacen lo posible por reforzar el parecido: se ha dejado barba y lleva la camiseta de ese equipo de fútbol (o como se llame ese negocio). Llega a ser tal el furor que este maniquí de un maniquí altera el orden público de la república islámica y lo han detenido por eso. Los policías se harán selfies con él. En este ambiente mundial los jóvenes de hoy tiene el deber de ignorar los viejos libros: Montaigne, Dante, San Agustín, Erasmo, Tolstoi, Voltaire, Cicerón, Séneca, Aristóteles, Emerson, etc. No les servirán de nada, no les traerán más que decepción. Si llegaran a estimarlos serían bichos raros en todos los aeropuertos del mundo, se pudrirían en una esquina sin encontrar trabajo. Es por su bien. El mundo globalizado odia a las personas críticas (no, "críticas" no es la palabra, pero no se me ocurre otra mejor): exige gente que se haga selfies con el doble iraní de Messi. Vaya, qué serios nos hemos puesto.

El final de la guerra

Hace 72 años que la Alemania nazi firmó la capitulación y con eso el final de la guerra en Europa. Ayer un barrio de Hannover tuvo que ser evacuado al encontrarse tres bombas sin explotar de aquella contienda. La operación afectó a unas 50.000 personas. La ciudad ofreció alternativas de tiempo libre: entradas gratis al museo y a las piscinas. Los cines programaron sesiones especiales. Algunos fueron al zoo con sus hijos, otros a una parrillada. Fue ayer domingo, hizo buen tiempo, un buen día para salir de la rutina. Las bombas, afirmaron los expertos, eran muy sensibles y se desactivaron en el lugar donde fueron halladas por si acaso. Los más viejos eran niños entonces: oyeron aterrorizaros las explosiones, los motores de los bombarderos. Que les expliquen eso ahora a los niños de hoy: "¿qué pasa papá, porqué tenemos que irnos de casa?"

Mi Europa

Nacer polaco a principios del siglo XX era tener todas las cartas para morir joven y de mala manera, violentamente. Czeslaw Milosz escapó de muchos peligros -ciudades en llamas entre ellos- y escribió en su lengua materna, el polaco, algunos de los mejores poemas del siglo XX. De su libro "Mi Europa", traducido por Xavier Farré (alguien que traduce del polaco merece una mención y nuestro agradecimiento) quiero destacar dos frases: "No hay que estar nunca demasiado seguro cuando se sale a pasear si uno va a volver a casa, no tan sólo porque nos puede ocurrir algo sino también porque la casa puede dejar de existir" Experiencias de un país en guerra. En un país en paz tampoco puede estarse nunca demasiado seguro de volver a casa cuando se sale a pasear aunque la casa nos espere intacta. La segunda frase es la que cierra el libro, hermosísimo final: "cuando la ambición nos aconseja elevarnos sobre las sencillas normas morales custodiadas por los pobres de espíritu, en lugar de elegirlas como nuestra aguja de la brújula entre las variabilidades, destruye lo único que puede redimir nuestras locuras y errores: el amor"

Acariciar a una mosca

Una señal inconfundible para saber si una persona ha sufrido de verdad es la falta de patetismo. Hay dos especies de alegría: la "inocente" de los inexpertos ("si no os hacéis como niños..." es una exhortación a la amnesia) y la "sabia" de los que han sido tocados por algún golpe del destino. ¿O es que sólo van a poder estar contentos los que no han hundido nunca su cabeza entre las manos? De eso nada. Muy bien. Esto marcha. Nada de sentimentalismo. Durch Leiden, Freude. Onwards! Frente a los desastres del mundo Demócrito reía y Heráclito lloraba. Prefiero la primera actitud.

Superfluo y divino

Ahora está en un cuarto claustrofóbico, las paredes son sucias, no cuelga de ellas ningún cuadro de Van Gogh (piensa en Van Gogh y no en Picasso porque siente simpatía por ese desgraciado). Dentro del cuarto, en una esquina, hay una caja fuerte. Es admirable la inteligencia humana. La caja es su función: guardar algo valioso en su interior. Es, por tanto, maciza, hermética. Sólo puede abrirla quien conozca el secreto de la clave. Nos movemos entre objetos que no fueron pensados ni fabricados para nosotros, entre cosas prestadas. ¿Quién hizo las ropas y el calzado que llevamos? ¿Quién hizo nuestro cuerpo? Iluminado por el asombro, descubre la trampa en la que se encuentra y se mete dentro de la caja fuerte. Desprecia la electricidad, aunque admite su incalculable valor: nada funciona sin ella. Bien. La cosa avanza. Sigamos. Se cierra sin pillarse los dedos. Aspira a ser feliz. Tiene autoestima, ¿acaso no vale mucho más que todas las riquezas del mundo?

Caminos dudosos

Es lamentable que no se discuta o se razone sobre el amor (perdón, sí que se habla, está la prensa rosa, los amoríos del famoseo). Lo que mueve al mundo, asegura el amargado, es la codicia, la estupidez y el odio. No parece que sea el amor lo que mueva el sol y las demás estrellas. ¡Ah, Dante! "Tanto gentile e tanto onesta pare, la donna mia quand'ella altrui saluta..." La cultura inventa esta pasión, eleva el impulso animal, lo refina. Los grandes poetas han descrito el amor. Algunos novelistas son agudos psicólogos de esta pasión: Stendhal, Tolstoi, Flaubert. De pronto una persona nos atrae, tiene "un no sé qué", se convierte en una obsesión (qué torpemente me estoy expresando). El amor no es elocuente, balbucea; Quevedo, poco enamoradizo, escribió maravillosos poemas de amor. Es la pasión de Don Quijote que ve en una aldeana, Aldonza Lorenzo, (qué talento tenía Cervantes para bautizar a sus personajes) a la dama Dulcinea. Hablo del amor erótico, claro. Hay otras especies de amor: el de la madre a los hijos, que es abnegación y renuncia; el amor a algunos objetos o a un pobre animal. ¿Existe otra pasión que cause tanta alegría y tanto sufrimiento? Como dice Lope de Vega: "Desmayarse, atreverse, estar furioso" El amor es sutil, contradictorio, está lleno de sobreentendidos, es un juego secreto, muere de ausencia (o tal vez no). "An die ferne Geliebte", "a la amada lejana", se titula un ciclo de canciones de Beethoven. En nuestro mundo de masas (fútbol, publicidad, pornografía, terrorismo) no hay una gota de esta pasión. La Historia es un desierto de amor, nuestra sociedad también lo es. Vivimos tiempos cínicos e implacables donde, para sobrevivir, nos burlamos de los sentimientos tiernos. El amor es una pasión personal, toma a un individuo y lo convierte en un ángel. Es enemigo declarado de la realidad. El amor es celoso, inquieto, exigente, delicado, tiene tormentas y momentos deliciosos. Tristán e Isolda lo saben y la peluquera también lo sabría si no trabajara tantas horas (enamorarse no deja de ser un lujo). Puede ser noble, sacrificado, heroico. Pero tiene su lado oscuro. Hoy se habla de "violencia de género" (lo que antes se llamaba "crimen pasional") y de "maltrato psicológico". Cierto: el amor es una pasión peligrosa, es fuego, puede ser terrible, puede empujar al crimen y al suicidio. Dice un verso de Racine: "si Titus est jaloux, Titus est amoreux" "si Tito está celoso, Tito está enamorado". Pascal dijo: "tratemos de pensar mucho, éste es el principio de la moral". Tratemos de pensar en el amor entre anuncio y anuncio. Sin amor la vida es más tranquila, pero también más aburrida, más pobre y más triste. De mí puedo decir que lo he conocido: nada me hizo más feliz... ni más desgraciado. De su mano subí al cielo y bajé al infierno. Ausiàs March fue un gran poeta del amor: "lirio entre cardos" llamaba a su señora. Atravesando los peligros del mar va en busca de su amada, no sabe si su amor es correspondido, imaginamos lo inquieto que estará:
Veles e vents han mos desigs complir
faent camins dubtosos per la mar

El mosquito

¿Qué abandona a un ser vivo cuando muere? Es algo más que la vida. Ayer (¡ayer!) zumbaba un mosquito bastante grande en el baño (que es bastante pequeño, pero cabe un hombre desnudo y sus angustias). Ni idea de cómo vino a parar ahí. ¿Zumban los mosquitos? Da igual, sigo. Volaba, se estrellaba contra el espejo, me rozaba los ojos. Era molesto. Dí un par de manotazos, sin mucha convicción. La vida de un mosquito es corta. Los jainistas llevan un velo en la boca para no matar accidentalmente ni siquiera a un insecto, ya que toda vida es preciosa. Empieza a oscurecer. El punto de ebullición del agua. Qué bonita es la fórmula del benceno. Da igual, sigo. El mosquito estaba vivo ayer. (¡Ayer!). Hoy entré en el baño. Estaba en el suelo, quieto, inmóvil, inerte, exánime, con las seis patas dobladas. "Ahora que está muerto -pensé- me llama más la atención que cuando me molestaba" Lo recogí del suelo. Sentí un principio de lástima. Una emoción infantil. Muchos de nosotros enterramos de niños a un pájaro o un ratón con verdadero disgusto. Lo hicimos sin entender a la muerte (¿la entendemos cuando somos adultos?). Lo hicimos otorgando importancia a criaturas insignificantes, porque los niños no distinguen todavía. Ignoran el devastador, inmenso poder de la odiosísima muerte, por eso lloran por un simple ratón. Aunque la naturaleza nos trate de la misma forma -y ahí está el escándalo- los hombres no somos mosquitos. Gottfried Keller tiene un poema dedicado a la muerte de un insecto. Aunque parezca imposible ese poema emociona.

Las manos

¿Hizo la manija a la mano o la mano a la manija? ¿Pensó la puerta ser como es para resultarnos fácil?
Las manos son la herramienta por antonomasia: el instrumento de los instrumentos. ¡Cómo trabajan! No se cansan de asir, agarrar, señalar, hacer signos (saludan, ofenden, amenazan, ordenan). 
¿De quién son tus manos? Míralas bien y extráñate de ellas.
El ojo es más abstracto que las manos. Las manos tienen avidez por lo material.
Todo se construye con las manos: desde una vasija hasta un portaaviones. Con las manos se agarra el hacha del paleolítico, se usa el móvil, se toca el piano, se mueve el ratón, se cose una cremallera, se doma un caballo. Las manos llevan a la boca los alimentos, escriben, se tienden, manejan el volante.  Las manos infantiles excavan un pozo en la arena. Las manos miden distancias y tiempos. Las manos piensan. Las manos acarician y golpean. Nuestro destino está escrito en las manos. Contando las cosas con los dedos empezaron las matemáticas.
El sol asoma por la ventana, sube, no es mediodía aún. No tengo ojos para ver, veo porque tengo ojos.
Nada de lo que tenemos ha caído del cielo: lo hemos fabricado nosotros, con nuestras manos.
El sol es ciego. La naturaleza no nos conoce. Nuestras manos construyen una casa en mitad del vacío. El trabajo de las manos nos hechiza. Fuera del mundo que fabrican nuestras manos vamos a tientas.

Escaleras abajo

Nadie con un mínimo de experiencia podrá negar que este mundo es un circo en el que andan revueltos los felices y los desesperados. En algún lugar de Los Miserables, dice Víctor Hugo que en la misma calle en la que unos hombres se matan, otros juegan al billar. Se me ocurre otra imagen. Este mundo es un edificio: en el sótano se tortura, en la azotea se toma el sol. El camino del conocimiento es siempre escaleras abajo.

Distraídos, ausentes, torpes

Es conocida la anécdota de Tales de Mileto (lo mejor que nos dejaron los antiguos ha sido un puñado de anécdotas- una anécdota basta para revelar un carácter y justificar toda una vida) según la cual por ir mirando al cielo (de asuntos celestes entendía porque predijo un eclipse de sol, para pasmo de los mortales) el bueno de Tales cayó en un pozo. Una muchacha tracia, que vendría a representar la ignorancia en persona, al ver la torpeza de ese bobo se echó a reír. Torpes los sabios: no ven lo que tienen delante de los pies. Son como el albatros de Baudelaire, objeto de mofa de los marineros, del vulgo en general: "sus alas de gigante le impiden caminar"
         Otra anécdota: Tomás de Aquino comía en la mesa del rey Luis de Francia. Se pasó la comida callado, como de costumbre, abstraído, taciturno. De repente el "buey mudo" dió un puñetazo en la mesa y dijo en voz alta: "¡y esto terminará con los maniqueos!" La mesa debió de estremecerse, como el resto de los comensales, incluida Su Majestad. El filósofo no atendía a las conversaciones, su mente trabajaba en silencio y sin descanso. 
         Platón dice en uno de sus diálogos -el Teeteto me parece- que los jóvenes dotados para la filosofía parecen torpes a ojos del mundo. No saben desenvolverse en los asuntos cotidianos. El despiste de Newton era proverbial: una vez metió un reloj en una olla de agua hirviendo en lugar de un huevo. Estaba midiendo el tiempo que tardaría en cocerse (el huevo, no el reloj). ¡Qué tonto era Newton!

Modesta ambición

Quizá nuestra época, tan difícil de comprender, parezca el colmo de la sofisticación. Para cualquier mortal su tiempo es difícil de comprender. Todo lo contemporáneo es miope. Necesitaríamos unos 300 años para saber cuáles son las ideas fundamentales de nuestro tiempo, pero nadie vive tanto. Otra ventaja sería confiar esta tarea a los marcianos. Ellos podrían examinarnos "desde fuera". Pero tampoco lo veo posible. Ah, estamos limitados, tenemos una venda en los ojos. Nos falta perspectiva. 
         Una idea al vuelo: el cristianismo de los primeros siglos (hasta Constantino más o menos) fue mucho más ambicioso que nuestro tiempo tecnológico y digital. Aquellos fanáticos sin internet creían en la vida eterna, en la inmortalidad del alma, se la exigían a su Cristo. Esperaban la llegada inminente del Reino del los Cielos. ¿Hay mayor ambición? Hoy somos más modestos: nos contentamos con un nuevo modelo de móvil o un seguro de coche más barato. Si logramos un trabajo medianamente digno, entonces el delirio es total. De trascendencia, ni rastro. Todo de tejas abajo y muerto el burro la cebada al rabo. 
        Ah claro, se me olvidaba el socialismo: por fin la justicia en la Tierra. Legítima, gran ambición, por supuesto. Hace 100 años podría pasar, pero ¿quién se traga ahora ese camelo viendo a los socialistas de hoy levantando el puño, haciendo el espectáculo, en el ubicuo plató de TV que es nuestra realidad?

Palabra de Dios

Cuando se está de mierda hasta el cuello sólo queda recitar el teorema de Bolzano-Weierstrass.

La cárcel

Se levanta de la silla. Se arrima a un rincón y observa el apartamento donde vive. No hay televisión. Es de noche. Camina con pasos lentos, sólo es visible la brasa del puro. En el pasillo hay once puertas. Se da la vuelta, mira desde unos metros el haz de luz que sale de la puerta de su apartamento. Camina despacio por el pasillo, sabe que está haciendo algo excéntrico pero saludable. Hay 7.000 millones de humanos en la Tierra.

Gunnar Gustavsson

El antropólogo sueco Gunnar Gustavsson (1910-1967) escribió a finales de los años 40, anticipándose a la posmodernidad, que las relaciones humanas iban a convertirse en un plazo muy breve en algo cada vez más fantasmagórico, siniestro y abstracto y que esta nueva forma de relacionarse iba a ser origen de serios trastornos mentales. Las causas de esta transformación serían la industrialización, la tecnología, las aglomeraciones urbanas, la sociedad de consumo y las dos guerras mundiales que, según él, redujeron el valor del individuo a cero. Gustavsson está muy próximo a la crítica de la Escuela de Francfort, pero es más incisivo aún. A Theodor W. Adorno lo llamaba burlonamente "el mantecoso Teddy". Se puede entender que un pensador "excéntrico" que observaba el mundo y sus cambios desde Escandinavia tuviera esta lucidez. Con distancia se analizan mejor las cosas. Vendrá el día, afirmaba, en que los individuos, reducidos a egos cibernéticos, finjan construir, en una operación de formidable autoengaño, relaciones amistosas o eróticas a través de los medios que les ofrezca la tecnología (¿tendría en mente internet y las redes sociales?). A Gustavsson, que se declaraba "reaccionario", el esfuerzo inútil y agotador de los egos cibernéticos por establecer y prolongar relaciones sentimentales mediatizadas por la tecnología le parecía horroroso. "Cuida de tus hijos y olvida los fantasmas románticos" solía repetir. También veía en estos medios la posibilidad de calumniar, difamar, ofender y herir impunemente amparándose en el anonimato. "Es más mil veces más sano, solía decir a sus alumnos, discutir acaloradamente (se entiende que sin violencia) con alguien presente y concreto que viva en tu pueblo que felicitarle el Año Nuevo a una comunidad abstracta de egos que ni conoces ni te importan" 
      Habló de la "fractura moral" que esta clase de relaciones iba a producir. Otras expresiones que acuñó fueron "el eclipse del amor" y "trampa sentimental" Hoy estamos de lleno en ese universo tenebroso y confuso que vislumbró Gustavsson. Este antropólogo murió corneado por un reno en diciembre de 1967. El instituto de ciencias sociales de Upsala lleva su nombre.

De la vida honrada y las bendiciones que reporta

Hubo que retroceder, esconderse, huir, inventarse otra identidad. Como tantos otros compañeros deformé mi cara, me inventé un nombre, rehice mi vida en el Nuevo Mundo. Borré mi pasado. Fui un hombre trabajador, un sencillo carpintero. ¿Hay profesión más hermosa? Me he ganado la vida honradamente. Soy un tierno viejecito y mis facultades físicas y mentales están mermadas por la edad. Ahora venid a juzgarme.

Multitud

Alguien o ninguno. Da lo mismo. Se abre paso entre la gente, siendo gente. Oye al pasar conversaciones: problemas personales, dinero, dinero, críticas a un conocido, juicios, sueños. La vida tiene un radio estrecho, nuestra pequeña cueva en el mundo. Oye desde la ventana decir a alguien: "la crisis hace más ricos a los ricos y más pobres a los pobres" Es de noche: Sirio y Orión en el cielo, ajenos a la miseria humana, es lo suyo. Ve a alguien en su piso lavar un vaso, un tipo gordo y calvo que nació muy pequeño y jugaba en el parque hace poco. Futilidad total. Un extranjero, alguien o ninguno, pasea entre la multitud de una ciudad cualquiera. Nadie le conoce, no conoce a nadie. Es superfluo y lo sabe. Oye conversaciones sueltas al pasar. Un tipo airado le insulta desde una furgoneta. Mujeres arregladas y presumidas. Niños con su imbecilidad deliciosa, jugando a la pelota. Un grupo de viejas: "dios la ayuda porque ha sufrido mucho". Alguien o ninguno pasea por una ciudad cualquiera de este planeta minúsculo. Todos morirán dentro de poco, otros vendrán para repetir las mismas conversaciones, los mismos insultos y traiciones, las mismas ilusiones y agonías, las mismas locuras. Generación tras exterminio. Alguien o ninguno pasea entre la multitud. Le son indiferentes. Si uno cayera fulminado se abriría un círculo de pánico y curiosidad morbosa. El tráfico irrumpe entre los huesos frágiles. Es mediodía: se oyen platos. Es de noche: las calles desiertas. Alguien o ninguno pasea entre la multitud, con apatía y rabia contenida, sombra anónima. Camina por ese laberinto como el flaneur del poeta. Oye conversaciones banales: hablan de dinero, negocios, critican a un pariente. Sueños. Entre el ayer y el hoy, entre el hoy y el mañana y el antes y el después y el siempre y el nunca. Nada. Duramos un momento. Mientras tanto nada. Alguien o ninguno. Da lo mismo.                                    Estrellas impasibles, amorosas, ni siquiera eternas. Sublimes. Policía. Ancianos. Niños. Escaparates. Ratas. Historia. Olvido. Café. Miradas de deseo, temor y asco. Publicidad. La misma eterna comedia. El mismo tedio eterno. La misma inquietud. Alguien. Ninguno. Nadie.

El dedo todopoderoso

Nuestro maravilloso cerebro manda la señal a los nervios que accionan los músculos del dedo. De la masa gris donde duermen los recuerdos de infancia y acaso el enunciado del teorema de Arquímedes parte la orden a la provincia exterior. Como si desde Roma se enviara un edicto imperial a las legiones de Mesopotamia. El dedo índice de la mano derecha aprieta el botón del ratón y se dispara automáticamente la llamada. Así acuden, como palomas llamadas por el deseo, las figuras que esperan en el centro de la sala y miran la pantalla que emite imágenes obsesivas, repetitivas, obsesivas, repetitivas. Esto es una manifestación del amor (el amor es un tormento) y su poder de atracción. No fueron más dóciles a Cristo sus discípulos, ni más atentos estuvieron los jóvenes de Atenas a Sócrates, que estas figuras lo están a la llamada. Se le llama "turno" no "vocación". RC-098 El mecanismo es admirable: cada figura que entra recoge un papelito con una clave: dos letras un guión y un número. Delicia cartesiana. El sistema es ordenado, impecable, práctico y de una exquisita humanidad. Es una realización de la justicia. Hasta el detalle de postergar a las figuras que no pertenecen a la secta está perfectamente calculado. Los no iniciados en los misterios se van cubriendo de vergüenza, indignación, telarañas, pasmo y apetito de venganza. Su queja inútil termina en resignación. RN-001. El formidable dedo de la Capilla Sixtina, ese dedo divino que anima a la criatura de barro, no tuvo tanto poder como el dedo que aprieta el ratón y llama a las figuras que esperan en el centro de la sala, mirando a la pantalla y acuden como palomas llamadas por el deseo.