Mal empezamos

En una carta escrita a Christian Gottfried Körner el 2 de febrero de 1789 dice Schiller: "frecuentar a Goethe me haría infeliz: ni con sus amigos íntimos tiene un momento de abandono, no hay por dónde cogerlo. Lo considero de hecho un egoísta extraordinario. Tiene el talento de cautivar a los hombres y de hacerse amable por medio de pequeñas y grandes atenciones, pero sabe siempre cómo mantenerse libre. Hace el bien, pero como un dios, sin darse a sí mismo; en esto me parece que actúa de forma consecuente y premeditada, basándose en el cálculo del mayor goce posible de su amor propio. No debieran los hombres dejar surgir a un ser semejante. Por eso le tengo manía, aunque reconozco su talento y tengo de él la más alta opinión. Lo considero uno de esos estirados a los que hay que convertir en niños para humillarlos ante el mundo y no depende de mi buena voluntad no tener en algún momento una agarrada con él. Me inspira una extraña mezcla de odio y amor; un sentimiento que no es muy distinto del que Bruto y Casio debieron de tener frente a César. Creo que podría matar su espíritu y volverlo a querer de todo corazón."
      Pasó el tiempo y, como es sabido, se convirtieron en grandes amigos. Me alegro. Esto ocurría antes de Facebook y su elevadísimo concepto de la amistad.

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